REVELANDO LOS SENTIDOS

Capítulo 1

♥ La Noche ♥


Abrí los ojos al despertar, tenía los sentidos todavía encogidos por la noche vivida, en mis labios brotó una dulce sonrisa, a mi lado, aún dormido, estabas tú, suavemente me acerque a ti, posé mi mano en tu pecho y acaricié tu suave piel, ¡No quise despertarte!.

Nuestros cuerpos agotados yacían cansados bajo la manta de la pasión que en la noche nos atrapó. Desgastados de tanto amor, fuimos poco a poco caminando de nuevo hacia a la emoción de la sinrazón. Aunque yo intuía que ya estabas despierto, sin apenas moverte y aún sin abrir tus ojos, tu mano derecha se deslizó sin intención por la parte alta de mi cadera, sentí un escalofrío que recorrió toda mi piel. No podía dejar de mirarte sin sonreír.

En el recorrido de tu mano hacia mi cintura, sutilmente, me fuiste atrayendo hacia ti, en un leve giro de tu cabeza, abriste tus ojos y por su brillo descubrí, que ya no había vuelta atrás. El poderoso sentido del tacto, la piel contra la piel, nos impedía articular ni una sola palabra, solo mirarnos, acariciarnos.

Tumbados el uno frente al otro, con apenas un par de centímetros de separación, nuestras bocas buscaban con desesperación el momento de encontrarse, toda nuestra piel se erizaba al compás de las caricias, subí mi rodilla por encima de las tuyas, concediendo el espacio suficiente para que te adentrases en el recorrido de mis piernas, nuestra respiración por momentos se agitaba. Tus intrépidos dedos, sin apenas avisar, cambiaron la dirección hacia los lugares anteriormente visitados, las pulsaciones disparadas, nuestras bocas, nuestras lenguas, no había tregua, tus dedos no paraban.

Una de mis manos se sujetaba con fuerza a tu espalda, la otra buscaba sigilosamente el camino que la esperaba. Con torpeza temblorosa mi mano recorrió su camino hasta alcanzar la vigorosa representación de tu excitación, se deslizó con suavidad por aquella sublime expresión de libertad, con la respiración entrecortada y sin apenas fuerza giré tu cuerpo hasta tumbarte boca arriba, y cual jinete experimentada no dudé ni un solo segundo en sentarme a horcajadas sobre tu cadera avanzada. Con el ansía de la pasión tus perfectas manos agarraban mi cintura, yo me deslizaba sobre ti en un singular baile de enredos, entre suspiros y movimientos nos íbamos adentrando en uno dentro del otro sin dejar de jadear…

 

La noche

REVELANDO LOS SENTIDOS

El libre albedrío de los sueños

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